Nota introductoria: Este post utiliza una metáfora basada en el conflicto entre Israel y Palestina para hablar de un concierto. No pretende ofender ni a unos ni a otros, ni mucho menos hacer ironía de un problema que es muy sensible y afecta directamente a las vidas de tanta gente. Tampoco pretende tomar partido en un sentido o en otro. No hay buenos ni malos. No es mejor Tom que Jerry, Rasca que Pica, aunque me siga cayendo mejor el Coyote que el Correcaminos. Pido disculpas por adelantado si alguien se siente ofendido, aunque espero que no sea así.
Érase una vez que organicé un concierto pro- Palestina.
Para ello busqué y encontré a un grupo palestino muy bueno. Se llamaba الوقت باكو. Contacté con ellos para contratarles, pero me remitieron a una empresa de contratación especializada en grupos palestinos llamada نشرت الذاتي. Al contarle a su director, el Sr. خافيير, de qué iba el concierto, le hizo mucha ilusión. Compartíamos los problemas de su país con sus vecinos de Israel, y que ya iba siendo hora de que promotores como yo se atrevieran con algo así, sabiendo lo todopoderoso que es el país judío.
Además, el Sr. خافيير me propuso ampliar la cartera de grupos contratados incluyendo otros artistas de su representación. Me propuso varios pero no encajaban demasiado bien con el estilo que buscaba, y tampoco con el recinto en el que tenía pensado hacerlo. El heavy metal no se lleva bien con los teatros pequeños. Finalmente, pasados unos días, me propuso un nuevo artista palestino llamado سيلفيا que encajaba muy bien con lo que buscaba.
Así, contratamos con ellos la actuación de estos dos grupos por un caché justo y respetable. Así, empezamos a realizar la promoción, entrevistas anunciando el evento, pusimos las entradas a la venta y, en definitiva, hicimos lo que nos correspondía hacer para que el concierto fuera lo mejor posible, movilizando a toda la comunidad palestina residente en la zona así como a todas las asociaciones locales afines a la causa.
El concierto se realizó sin contratiempos destacables. Como siempre en estas causas, y más con la crisis, la afluencia de público fue escasa, pero que nos quiten lo bailao. Perdimos dinero, pero como era por una buena causa, lo consideramos como donativo o inversión. Sin embargo, algunos días después, recibimos del consulado israelí una carta en la que se nos instaba a pagar un arancel por la presencia del grupo سيلفيا, que no era palestino, sino israelí. Su nombre era realmente סילביה. Ante semejante carta, llamamos al manager para decirle que “fíjate estos judíos, que dicen que este grupo es hebreo”, a lo que él dijo: “bueno, realmente habían sido israelíes antes, pero se nacionalizaron palestinos hace un tiempo”. Como productores, desconocíamos ese detalle, pero con la palabra del manager y su compromiso de que en breve nos iba a facilitar copia de la carta de nacionalización, con fecha exacta, lo dimos por aceptado y mandamos un comunicado de prensa quejándonos por la actitud del consulado israelí y lo rastrero que podía llegar a ser reclamar un arancel (que además era de risa) por algo que en ningún caso les pertenecía legalmente.
Pero hete aquí que cuando el grupo palestino, antes hebreo, vio la nota de prensa, salió a la palestra diciendo que no sólo eran hebreos, sino que nunca jamás habían sido palestinos, ni ganas. Es más, se consideraban judíos ultraortodoxos, que no sabían ni tenían idea de que la causa del concierto era pro-palestina y que se sentían más que ofendidos porque la producción les había engañado y les había utilizado para hacer proselitismo antisemita. Es más, se acusó a la productora de haberse inventado lo de la nacionalización palestina sólo con ese fin. Ellos, como grupo, están a favor de la paz y si participaron en el concierto es porque les dijeron que era un concierto por la paz en el mundo.
Como primera reacción, pensamos que el grupo había engañado al manager con la finalidad de utilizar sus vías de promoción y contratación, pero como había habido buen rollo durante el concierto, contactamos directamente con ellos y nos confirmaron que nunca habían sido preguntados a tal efecto y que se les dijo que era un concierto pro concordia entre los pueblos del mundo.
Ante semejante despropósito, como organizadores de un evento pro-palestino, no dábamos crédito a que un grupo contratado a tal fin no tuviera la más mínima idea ni de dónde quedaba Palestina en el mapa. De hecho un componente de la banda llegó a decir que pensaba que la bandera palestina que ondeaba sobre el escenario era una banderola publicitaria de algún espónsor.
Ya antes habíamos llamado al manager pero no logramos que se pusiera al teléfono. Sin embargo, a la mañana siguiente recibíamos un correo electrónico suyo donde aseguraba que había sido un malentendido y que nosotros le habíamos contactado inicialmente para realizar un concierto pro paz mundial, no pro Palestina. Sin dar respuesta al tema de la supuesta nacionalización anterior de la banda, así como obviando todas las conversaciones en las que decía que él mismo había sido israelí y que ahora abrazaba la causa palestina con todas sus fuerzas, tachando a los judíos de poco menos que mafiosos y prepotentes, e ignorando el hecho de que una bandera palestina de 6 x4 metros estuviera ondeando sobre el escenario, nos decía que, además, se veía obligado a trabajar con artistas hebreos porque no se podía cambiar el sistema de la noche a la mañana. Mencionaba además una larga lista de artistas hebreos con los que había trabajado.
A todo esto, el ayuntamiento que nos había cedido las instalaciones para la realización del concierto, ante toda la polémica, sólo comentó que “vaya mierda de concierto pro-palestina, donde la mitad de los artistas no son ni palestinos” y que, por lo que a ellos respectaba, no volverían a dar apoyo a la causa palestina, habida cuenta de que ni los palestinos eran capaces de organizar sus propios grupos como Alá manda.
Así que aquí estamos. Cornudos, apaleados, dándole la razón finalmente al consulado israelí y con la imagen de la productora a la altura del betún por culpa de un extraño engaño que, a estas alturas, todavía desconocemos su objetivo. Así aprenderemos a fiarnos de la palabra de una manager palestino.
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