Por suerte o por desgracia, soy de los que no borran casi ningún correo electrónico (excepto el spam). Padezco una especie de síndrome de Diógenes electrónico queme lleva a clasificar el correo que recibo y mando amontonándolo para, esporádicamente, visitarlo y recuperar algún dato.
Hoy era uno de estos días en los que te das cuenta de que tu carpeta de correo ocupa 4 gigas y que, sólo para abrirla, el ordenador se tira un rato largo, así que me he puesto a archivar elementos antiguos, concretamente los de un semestre de 2008. El número de correos en este periodo, entre enviados y recibidos subía a 5747 elementos.
Haciendo un cálculo muy simple, y a la vez tremendamente simplificado, diciendo que, de media, nos podemos pasar por correo electrónico 1 minuto, resulta que en un semestre me pasé 5747 minutos gestionando correo. Extrapolando a todos los datos de 2008, me pasé 11494 minutos leyendo y escribiendo mensajes. O lo que es lo mismo, casi 192 horas, que en jornadas laborales de 8 horas resulta que me he pasado en el curro 24 días el año pasado sólo para el correo.
Desconozco si el volumen de correos que gestiono es alto o bajo, o está sobre la media. Lo que está claro es que a nivel empresarial, simplemente reduciendo el volumen de correos electrónicos que se mandan/reciben, por ejemplo a la mitad, la productividad por empleado aumentaria anualmente algo así como un 5% que me parece una cifra nada despreciable, sobre todo ahora que hay crisis.







