Hay cosas que no acabo de ver. Hace unos días pudimos leer en la prensa local que más de 40 ONG reclaman a Antich el pago de una deuda de 10 millones de euros. Pero dentro del artículo se citan varios temas que a mi me chirrían.
No dudo de la capacidad de estas ONG. Es más, seguro que su labor es muy necesaria y además estoy seguro que están haciendo lo imposible para mantenerse en pie. Sin embargo, como ocurre muchas veces, el resultado es que estas ONG son en muchos casos, simplemente OG, porque su sustento económico les llega en un 100% de las administraciones públicas. La “N” salta.
Si la administración pública financia completamente una actividad social, lo que me pregunto es por qué se le da el nombre de “no gubernamental”. Y al mismo tiempo me pregunto, si es así, si no debería formar parte la función de la ONG de las funciones propias de la administración. Dicho de otro modo, si se crea una ONG porque hay una determinado “agujero social”, los voluntarios se ponen a trabajar, la administración se da cuenta de ello y lo financia completamente, lo que a mi juicio debería ocurrir es que la ONG debería desaparecer y dejar que esas funciones las asuma la propia administración. Y a otra cosa mariposa. Objetivo conseguido.
Mientras tanto, por definición de ONG, deberían actuar al margen de los gobiernos y sus miembros deberían ser principalmente voluntarios. Pero esto no siempre es así, porque el dinero les llega totalmente de la administración y sus trabajadores son todos asalariados. Oigo sirenas de alarma cuando leo que el 80% o el 90% de esos 10 millones de euros son gastos de personal; o que si no les pagan lo que les deben, cierran; o que es muy duro negociar con los bancos para que presten dinero para pagar las nóminas. Al final, estas OG no son más que administradores de dinero público, con fines nobles, pero gestores, al fin y al cabo, de parte del erario (público).
Que nadie me interprete mal. Las funciones de muchas ONG son vitales para el funcionamiento de la sociedad. Yo mismo he colaborado con muchas de ellas (y hasta he dirigido dos, por un tiempo). Pero no me creo a los “solidarios profesionales”, ni a las ONG que dependen de partidos políticos, ni aquellas que viven al 100% de lo que les regala la administración.





















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