Pongamos, siendo generosos, que habitualmente este blog tenga unas 200 visitas diarias, más unos 50 suscriptores vía RSS. O sea, a lo sumo, 250 personas leen mi blog diariamente (de lo cual estoy tremendamente agradecido).

Supongamos después que, de las muchas tonterías que escribo, alguna de ellas incomoda a la SGAE (del mismo modo que algunas de las que escribe la SGAE me incomodan a mí o la ciudadanía en general. Es lo que tiene expresar opiniones). En un ataque de véte a saber qué, deciden tomar represalias, o en sus propias palabras “A estos, nada. Estoy harta de esta empresa” (empleada de la SGAE de Palma de Mallorca dixit hace menos de una semana) y “obstaculizan” nuestra labor de empresa.

Gracias a esta acción, han provocado que alrededor de 20.000 personas se enteren de lo ocurrido, cuando normalmente lo habrían hecho 250. Gracias a este tipo de comportamiento, han amplificado por 100 mi capacidad de difusión. Es lo que se conoce como Efecto Streisand, por el cual, tratando de acallar algo se consigue precisamente el efecto contrario.

Mi pregunta es si no hubiera sido mejor sellar las entradas, aceptando como hasta ahora un método de trabajo que ellos mismos habían impuesto que no, por una pataleta, dificultarnos todo lo posible nuestro trabajo y provocar que un servidor vaya contando cómo se las gastan.

Así, la imagen de la SGAE es la que es hoy en día, y no lo digo yo. Yo, en caso de ser el responsable provincial de la SGAE, ya hubiera contestado las llamadas y/o a todos los emails que les hemos enviado. Que a nadie le quepa la menor duda de que si así fuera, y fueran medianamente cordiales, también lo publicaría en este blog, aunque si no lo han hecho en 7 años, no creo que lo vayan a hacer ahora.