Si uno se pone a reunir firmas y/o firma un manifiesto para trincar a un delincuente, agravar sus penas, solicitar el cumplimiento íntegro de la condena impuesta o cosas similares, la reacción social no depende del tipo de delito, sino del tipo de persona, concretamente de su profesión, y también de la profesión de sus amigos.

A cualquier de nosotros que nos pillaran defraudando a hacienda, por poner un ejemplo, nos llamarían como poco “chorizos” y con el manifiesto pedirían “justicia”. En cambio, si eres un político y te trinca hacienda, no eres un delincuente, sino un “imputado”, que además en algunos casos por estar “aforado” su trato con la justicia no es igual que el resto de los ciudadanos (¿eso no va contra la constitución?), tus amigos del mismo partido lo llaman “persecución política” y si firmas el manifiesto has perdido tu “objetividad”.

La profesión del delincuente afecta no sólo a la condena sino también a la repercusión social de su delito.