Se ha presentado en mi casa un Policía Local para hacerme saber que la Junta Electoral de Zona de Palma de Mallorca, por algún extraño procedimiento, me ha nombrado vocal primero de una mesa electoral para el día 9 de marzo.

También me dice que si por lo que sea no voy a cumplir mi deber, incurriré en pena de privación de libertad de 14 a 30 días y multa de 2 a 10 meses. No especifica los conceptos en sí mismos de los meses en cuestión. Me multan con 2 a 10 meses, pero no sé de qué. ¿De vida?. ¿De salario?. ¿De cárcel?. ¿De escuchar discos de las Spice Girls?

En cualquier caso, ahí estaré. Cualquier otro plan que hubiera hecho era menos divertido, como celebrar mi aniversario de boda o el cumpleaños de mi hijo. Total, ¿qué puede hacer uno un domingo en Palma?. Básicamente, nada.

Hay que mirarlo desde el lado positivo. Es una experiencia que seguro que vale la pena pasar. Currar para la democracia el día de la “fiesta de la democracia”, no tiene precio. O como decía un jefe que tuve hace algunos años, “los miembros de las mesas somos como los ginecólogos, que trabajamos donde otros se divierten”.