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Ene
2010
18

La remuneración de los artistas

Acabo de leer una entrevista a Víctor Manuel en 20minutos.com y me da la sensación de que los artistas y autores no entienden bien lo que es la remuneración por su trabajo.

A la pregunta de “¿Los artistas deben estar remunerados?” respondo como Víctor Manuel y como cualquier hijo de vecino: , claro que debe estar remunerado. Como cualquier profesional: abogados, médicos, diseñadores, informáticos, bomberos, fontaneros, políticos, periodistas, funcionarios…

Pero a la pregunta de “¿Los artistas deben estar remunerados a través de un canon y de una entidad de gestión de derechos?” respondo todo lo contrario: No. Los artistas (o autores) pueden (a mi juicio, deberían) estar remunerados mediante la venta directa de su trabajo, es decir, como cualquier profesional: abogados, médicos, bomberos, fontaneros, políticos, periodistas, funcionarios…

Si mi trabajo es componer canciones para que otro las interprete, ese otro es quien debería pagarme por la canción que he hecho. Si contrato a un diseñador para hacer una página web, le encargo el trabajo y le pago por ello. No espero que él trabaje gratis diseñando, colgando su diseño en un sitio y esperando a que ese sitio genere visitas y pagando por cada visita producida, bajo la excusa de que “si no, no cobro”.

¿Por qué los creadores de canciones no pueden vender su obra, como los pintores o diseñadores?. ¿Por qué no puede un compositor estar en nómina de un artista/intérprete?. ¿Por qué no puede un creador de música ser un autónomo como yo, que tiene un trabajo creativo y que vive de venderlo a sus clientes?. ¿Por qué el letrista de David Bisbal cobra por su “Bulería” en función de los discos vendidos y los bolos de Bisbal, en lugar de hacerlo por su trabajo de composición y venta directa sin intermediarios al propio Bisbal que, recordemos, es quien hace uso de su composición?.

Esto no es incompatible con lo que dice Víctor Manuel de que “se lleva el dinero el que más trabaje, el que más venda y el que más toque”. A eso se le llama ser “mejor profesional”. Se lleva más dinero el mejor abogado, el mejor médico, el mejor diseñador, el mejor pintor… a mejores obras, mejores resultados y mayores beneficios. No es necesario un canon para eso. Y sobre todo, no es necesario llamarme pirata y delincuente si no creo en esas tasas.

Víctor Manuel dice algunas cosas interesantes, pero se queda en la superficie de la polémica. Lo de que “se dicen muchas gilipolleces sobre la SGAE” es totalmente cierto, pero es que la propia SGAE es la víctima de su propio sistema. Si no fuera por su afán recaudatorio no tendría peor imagen que Hacienda, que también es una entidad recaudatoria. Y como productor, no tendría tan mala imagen si se dedicaran a la suyo en lugar de a intentar putear el modus operandi de mi productora. Ya he dicho varias veces que intentar bloquear mis producciones es perjudicar al artista al que tratan de defender (ver aquí en el último párrafo, por ejemplo). Eso es lo que llamo “hacer gilipolleces” y otro gallo les cantaría si no fueran tan pedantes.

La frase de “La gente tiene una idea difusa de lo que es la SGAE y de quién se lleva el dinero” tiene una solución muy simple y sencilla: háganlo ustedes público y así acabamos con la polémica.

Ene
2010
17

A tomar nota y a seguir

La experiencia de montar este concierto Creative Commons me ha enseñado varias cosas y me ha confirmado otras que ya sabía.

El público que no vino

Lo primero y más doloroso es que, por más que el concierto sea Creative Commons, SGAE o copyleft, si la gente no quiere ir, ya puedes revestirlo de cualquier adorno, que la gente no irá. Y podemos buscar muchos argumentos: que el concierto era caro (10 euros), que estamos en la cuesta de enero, que el Teatro no está bien ubicado, que hacía frío para salir de casa, que los grupos eran desconocidos, que lo de las licencias no lo entendía nadie, que no tenía a nadie con quien ir, que tengo tos o que la canguro no ha llegado…

Me resulta muy curioso que, con todo el ruido mediático que hemos hecho y el interés que ha despertado, los resultados fueran tan pobres. Nunca antes habíamos hecho tanta labor de promoción de un concierto. Televisión, radio, prensa escrita, medios electrónicos, ruedas de prensa… Hasta creamos un concurso para sortear entradas en Twitter y Facebook. Se puso el concierto en el programa de les Festes de Sant Sebastià de Palma y el Ayuntamiento hizo publicidad directa en medios. Creo que, en determinados momentos, nos hicimos incluso algo pesados.

Pero la gente, simplemente, no vino. Y punto. Por más que pensáramos que la gente nos estaba pidiendo este tipo de conciertos, el resultado dice todo lo contrario. Y si no, dice que la gente es pro-CC o anti-SGAE siempre y cuando sea detrás de un teclado en la oficina o en casa, lo cual es todavía peor. Porque si no, no logro entender casos como el de uno (no diremos nombres) que incluso se apuntó al sorteo de las entradas y, a la hora del concierto, twitteó que estaba en un bar tomándose unas cañitas y unos nachos. Pero cada uno hace lo que quiere y no soy nadie como para reclamar otro comportamiento. Pero algo significará.

El publico que sí vino

Sálvarez y Pacotiempo se llevaron todos los beneplácitos de las escasas 20 personas que pagaron su entrada. Todos sin excepción salieron encantados de allí. Hay una excelente crónica del concierto en el blog de Amimedamiedo, que os recomiendo leer (y al que agradezco desde aquí el post y, por supuesto, haber venido y haberse molestado incluso en editar un vídeo y colgarlo en Youtube).

Los resultados

Deacorde Producciones no es una ONG. Lo que no nos podemos permitir es movilizar a dos grupos de 6 componentes más un manager, traerlos de Barcelona y Madrid, alojarlos, alquilar equipo técnico, transportarlos, darles de comer y cenar, etc… si vienen 20 personas a 10 euros cada una. El experimento ha fallado y no se me ocurren argumentos para convencer a mis socios de que hay que mantenerse en la misma línea. Tampoco se me ocurre qué tengo que decirle al Ayuntamiento para que siga apostando por el tema.

Sin embargo, todos los comienzos son complicados. Ya hay artistas que se han salido de la SGAE, como la Salvarez, y otros muchos que ofrecen sus trabajos bajo licencias no restrictivas. Discográficas como Autoeditados sólo trabajan con artistas Creative Commons. Productoras como Deacorde empiezan a moverse y Ayuntamientos como el de Palma se movilizan para dar cabida a esto. Pero si el consumidor final, el público, no cree, todo el trabajo se va al garete.

Por eso mismo, una de las cosas que más me quita el sueño es haber desperdiciado la oportunidad de dar un mensaje contundente. Y no lo hemos hecho. ¿Tendremos una segunda oportunidad para hacerlo?. No lo sé. Espero que sí.

Esperanza de futuro

Una de las cosas que más me gustó de los dos días que pasé junto con los grupos fue la cena el día anterior al concierto. Estuve hablando largo y tendido con todos ellos y podría hacer este post casi eterno contando algunos detalles.

Javier de Autoeditados, es ex-socio de SGAE. Paco, de Pacotiempo fue “niño mimado” y protegido de Nacho Cano.  Sin embargo y como resumen me quedo con una parte de la conversación que tuve con Alex Soler, bajista de Salvarez y, por ejemplo, director musical de Operación Triunfo de las tres primeras ediciones. Una persona que conoce a la perfección el funcionamiento de la SGAE; antes desde el punto de vista del productor musical y ahora desde el punto de vista de la banda y el promotor de conciertos. Su frase fue algo así como “la SGAE, tal y como la conocemos, tiene los días contados”.

Ahora, después de los lamentos, toca callar, tomar nota y seguir currando.

Ene
2010
13

Manifiesto para un concierto libre

Las navidades pasadas me regalaron una panificadora casera. Con ella, puedo hacer desde madalenas a barras de pan. Está muy bien. Sólo tengo que ir al mercado, comprar los ingredientes, meterlos en la máquina y ella se encarga de sacarme unas baguettes calentitas todas las mañanas. Sano, saludable y, además, varias veces más barato que la misma baguette en una panadería, por no hablar de las baguettes empaquetadas de los centros comerciales.

Estoy tranquilo porque sé que no estoy haciendo nada delictivo. Pero si este ejemplo fuera musical, los panaderos se hubieran ya asociado para exigir a Moulinex un canon compensatorio por cada panificadora casera vendida. Los panaderos habrían dejado de ganar muchísimo dinero vendiendo barras de pan y eso no puede consentirse, así que el Estado, que ha permitido la existencia de las panificadoras caseras, tiene que ponerse las pilas. Se crea así el canon compensatorio panificador estatal.

Además, cualquier producto que sirva para fabricar o comerse la barra de pan, tiene que pagar un canon compensatorio. Así, los moldes, los cuchillos, las tablas de madera, los platos, las neveras y los hornos microondas deben pasar por caja. Hasta el gremio de implantadores dentales está siendo acosado por un conocido bufete de abogados.

Cada barra de pan vendida en una panadería llevaría una etiqueta que rezaría algo así como que “Fabricar y comerse barras de pan caseras es un delito. La distribución de esta barra de pan, sin el consentimiento del panadero, será perseguida por ley”. Habría una red de inspectores que se pasearían por los restaurantes viendo qué barras de pan se sirven. Si son las caseras, denuncia al juzgado y multa. Si son de la panadería de al lado, cobrarían nuevamente un canon fijo mensual al restaurante por servirlas. Y luego bares, cafeterías, supermercados, centros comerciales, aeropuertos, cantinas, tascas… El tradicional “pincho” vería su precio incrementado de un euro a un euro y medio, que no pagaría el consumidor del pincho, sino el restaurante. Si el pincho lleva cerveza por el mismo precio (la conocida y castiza “tapa”), la cerveza pasaría automáticamente a pagar también. La cerveza no es pan, pero como ayuda a vender pan, adquiere los mismos derechos por ósmosis.

Los fabricantes industriales de pan, así como los fabricantes de maquinaria industrial, organizarían manifestaciones frente al ministerio de turno, poniéndolo entre la espada y la pared y exigiendo contraprestaciones económicas bajo premisas del estilo “nos moriremos de hambre en 5 años”, “por la dignificación del panadero” y “la panificación es trabajo”. El presidente de Bimbo leería un manifiesto demoledor al respecto.

Todo este ejemplo tan absurdo es muy parecido a lo que está ocurriendo con la industria de la música. De hecho, con la industria musical y los derechos de autor suceden cosas mucho peores. Los lectores habituales de este blog lo saben de sobras.

Es cierto que por el simple hecho de realizar cualquier obra creativa, en una partitura o en la servilleta de papel de un bar, pase o no por cualquier tipo de registro, supone que esa obra tiene copyright y está, por tanto, protegida. Pero existe una inercia de más de 100 años que nos lleva a pensar que propiedad intelectual es lo mismo que derecho de autor, y a la vez que los derechos de autor sólo pueden ser gestionados a través de la SGAE o entidades similares. Pregunten sino a los músicos jóvenes si saben algo al respecto.

Deacorde Producciones no está en contra ni de la propiedad intelectual ni de los derechos de autor. Sin embargo, el derecho de autor no sólo es Copyright. Existe un abanico muy amplio que va desde lo más absolutamente restrictivo, como el copyright, hasta lo más absolutamente abierto y libre, como el copyleft. Por eso se han creado las licencias llamadas Creative Commons, que permiten que un autor licencie su obra autorizando unas cosas y bloqueando otras. Y la primera que autoriza una licencia CC es a copiar y distribuir cómo y cuánto se desee. El artista nos permite copiar su música, pero puede hacer más cosas. Puede autorizar o no el uso comercial de las mismas, puede autorizar o no la realización de obras derivadas o versiones, puede obligar a que las nuevas obras tengan la misma licencia que la original o puede autorizar todo ello con el simple reconocimiento de la autoría original.

El mensaje que queremos transmitir para el concierto del próximo viernes 15 de enero a las 21:30 horas en el Teatre Xesc Forteza es que existen alternativas al copyright que todos los creadores pueden utilizar de manera gratuita y que además este tipo de licencia nada tiene que ver con la calidad de la obra. Y un buen ejemplo de ello son los artistas que nos acompañarán sobre el escenario: Salvarez y Pacotiempo.

Internet ha democratizado la producción y difusión de la música. Ya no necesitamos a cazatalentos que nos lleven a un estudio de grabación para que una discográfica fabrique un soporte físico (como el CD) y que, a través de distribuidores, nos vendan en tiendas de discos 15 temas empaquetados, mientras todo ello suena en cadenas de radiofórmula. Internet permite tecnológicamente saltarnos a todos los intermediarios entre la música creada y el consumidor. Y ahora, las licencias Creative Commons, permiten saltarse los intermediarios respetando la legalidad y los deseos de cada autor.

La música, y la cultura en general, está viva y lo seguirá estando aunque muchos intenten encorsetarla en soportes físicos, cobro de cánones y leyes absurdas como la Disposición Final de la Ley de Economía Sostenible que quieren aprobar estos días. El concierto de Salvarez y Pacotiempo es un buen ejemplo de eso.

Un cambio en el modelo musical es posible, pero comporta un cambio de actitud. Se le llama “evolución”.

Ene
2010
10

¿Por qué “malabache”?

Más de uno me ha preguntado por qué mi blog está en un dominio llamado “malabache”, si en el fondo es el blog de Miguel Ángel Payeras y nada parece tener que ver eso con mi nombre.

La explicación es muy simple y tierna. Hace unos 20 años trabajaba de voluntario en Palma en una asociación llamada “Amiticia” que atendía (y atiende) a niños con deficiencias psíquicas y físicas, ubicado en el centro Mater Misericordiae en la barriada de Son Gotleu. Iba una vez por semana, los sábados por la mañana, junto a otros voluntarios y amigos. No arreglábamos el mundo, pero liberábamos a los padres una mañana a la semana, y quince días en verano, quedándonos con ellos en el centro o bien realizando alguna actividad lúdica o deportiva.

Uno de los niños que venía a menudo a nuestras actividades había sufrido un accidente hacía unos años que le había provocado un hundimiento del cráneo afectando entre otras cosas al desarrollo del habla. Costaba mucho saber qué quería decir en cada momento, pero nos hacíamos entender mutuamente como podíamos. Cuando me cogió confianza y cariño vió que me podía llamar por mi nombre. Así cuando supo que me llamaba Miguel Ángel se dirigió a mí, me cogió de la mano y me dijo algo así como “ven, malabache”. Malabache es, por tanto, mi nombre de pila en su idioma.

Si esto hubiera quedado entre nosotros, se habría mantenido como anécdota, pero el resto de voluntarios se enteró y me empezaron también a llamar “Malabache”, así que los sábados por la mañana era Malabache para todo el mundo.

Malabache iba a ser un nombre que me iba a acompañar casi de por vida, así que pensé que iba a ser un buen sobrenombre en internet y un buen homenaje hacia ese niño. Y como me lo sigue pareciendo, el blog sigue llevando ese nombre.

Esta es la explicación de por qué el blog se encuentra en malabache.com, y por qué el grupo musical en el que participo se llama también Malabache, y por qué los Malabache sólo hacemos conciertos benéficos.

Dic
2009
28

El año del vino

Este post participa en el concurso “1 año en 1 post”. Puedes votar (o no) en la imagen a pie de post.

Me niego sistemáticamente a tomar las uvas. Además de ser una tradición mortal por atragantamiento, supone darle al gremio vitícola un plus económico que no estoy seguro de que merezca. Lo sé porque yo invierto mucho en ellos, como verán.

Por culpa de la uva fermentada, me roban el 1 de enero cada año.  Y un año que se roba a sí mismo un día, es un año que sienta precedentes no muy buenos.

Me robaron el 1 de enero de 2009, y a partir de ahí no dejaron de robarme. Vino un banco y me robó el dinero. Vino una crisis y me robó el trabajo. Vino un político y me robó la fe en el futuro. Vino un periodista y me robó la verdad. Vino un premio Nobel de la Paz armado hasta los dientes. Vino la muerte y me robó a Michael Jackson. Vino un Barça con seis copas de vino. Vino Zapatero con dos hijas góticas y hasta vino un virus que fue pandemia. Vino todo lo que me robó algo.

O tal vez me lo robaron todo menos el vino. Por eso, con el vino brindo por todo lo que vino y ya se fue. Y así puedo brindar con vino por un 2010 que espero que no me robe su 1 de enero. El año del vino tiene que dar lugar al año de la crianza. Por eso dicen que las crisis son buenas, porque las cosas acaban siendo mejores de lo que eran. Basta con eso para augurar un buen año.

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Dic
2009
18

¿Cómo se gestionan los derechos de autor en un concierto?

Si las canciones que interpreta el artista están registradas en la SGAE:

  1. Te vas a la sede la SGAE y pides autorización por escrito para hacer el concierto.
  2. Suponiendo que te dan la autorización, contratas al artista. A veces, no te la dan.
  3. Con el contrato firmado, imprimes y te llevas las entradas del concierto a la sede de la SGAE.
  4. Depositas en metálico (a nosotros antes nos aceptaban un talón, ahora no) el 10% de la taquilla que esperas recaudar. Cabe recordar que las entradas van con el 7% de IVA y ellos te exigen el 16% de IVA en el depósito.
  5. La SGAE te sella (literalmente, agujerea) las entradas para que no vendas más o, al menos, se sepa que las que vendes no han pasado por ellos. Si las entradas no están numeradas y con tu CIF, no te las sellan (y por tanto no puedes poner en práctica el siguiente paso).
  6. Te llevas las entradas a los puntos de venta y vas vendiendo.
  7. Después del concierto, debes hacer rellenar al artista la “hoja de repertorio”, que tiene que incluir los títulos y los autores de las canciones interpretadas durante el concierto.
  8. También después del concierto tienes que rellenar la “hoja de taquilla”, que debe incluir cuántas entradas se han vendido y cuántas son invitaciones, regalos o gratuitas.
  9. Al acabar el concierto, máximo una semana después, vuelves a la sede de la SGAE con las hojas de repertorio y taquilla, además de con los resguardos de las entradas.
  10. La SGAE guarda el repertorio, y con la hoja de taquilla y los resguardos de las entradas, calcula cuánto del depósito que dejaste en el punto 4 te van a devolver. Si se ha vendido todo el aforo no te devuelven nada, como es lógico. Y si llegas más tarde de esos 7 días, tampoco.
  11. Fin de la historia.

Si las canciones que interpreta el artista son Creative Commons o Copyleft:

  1. Contratas al artista.
  2. Pones las entradas a la venta.
  3. Fin de la historia.

A veces no es sólo un tema de pagar o no pagar un 10% de la taquilla. Es toda la complejidad burocrática, los viajes a la SGAE y, en mi caso, como habréis podido leer muy a menudo en este blog, el trato que nos dispensan.

Normal que el día 15 de enero de 2010 organicemos nuestro primer concierto Creative Commons.

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