Me lleva sorprendiendo ya bastante tiempo cómo los políticos hacen uso de las redes sociales. Algunos de ellos se han autobautizado como “políticos 2.0″ por usar Twitter y/o Facebook . Sin embargo, la forma en que las utilizan es bastante del mundo 1.0. Por eso creo que, como mucho, los políticos en redes sociales llegan a ser un equivalente a la web 1.1. Un pasito por delante del político que no sabe escribir a máquina.
Conozco políticos que abren un blog y, sin embargo, quien escribe en él es su jefe de gabinete. Otros twittean o escriben frases lapidarias que no son más que consignas de sus respectivos partidos. A cambio esperan, e incluso consiguen, “sumar amigos” y seguir con su habitual proselitismo unidireccional. Todo ello acentuado en el momento de aproximarse unas elecciones.
Excepto honrosas excepciones (que las hay, porque yo mismo conozco alguno), siguen considerando internet, redes sociales y demás tecnología como un altavoz para la difusión de ideas, y no un lugar en donde retroalimentarse con las ideas de otros, generar debate positivo y así mejorar sus programas. Es normal que ocurra así; se está poniendo de moda que los políticos con cierto peso (o no) organicen ruedas de prensa en la que no aceptan preguntas de los periodistas presentes (si yo fuera periodista, no iría a esas ruedas de prensa). ¿Cómo puede aceptar entonces un político que 1000 “amigos de facebook” generen controversia y tengan algo que opinar a favor o en contra de su mensaje”?
Alguien lo dijo alguna vez: “si usted se empeña en interrumpirme, el monólogo es totalmente imposible”. Y para monólogos, sinceramente, hay muchos humoristas mucho más divertidos a los que prestar atención.





















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